Beisbol Dominicano

Cuando el béisbol invernal se inició, se inauguró un estadio dotado de alumbrado que permitía jugar de noche durante toda la semana, con un calendario que obligaba a manejar a los atletas de otra manera.

Beisbol Dominicano

El pasado jueves se inició el torneo de béisbol invernal número 59, el evento deportivo más antiguo y consistente de la nación. A pesar de las diferentes situaciones y los cambios ocurridos en la sociedad dominicana, se conserva como el único en mantener a todos los aficionados al deporte atentos a sus ocurrencias durante tres meses, con una capacidad de convocatoria que le permite, durante ese periodo, congregar multitudes en instalaciones ubicadas en cinco diferentes ciudades.

El deporte en general ha sido la principal actividad que refleja una imagen positiva del país y el béisbol su primordial exponente. La muestra más elocuente ocurrió recientemente con la espectacular despedida que se le hizo a David Ortiz en las Grandes Ligas. No solo se agasajó al atleta, también al hombre de bien con profunda calidad humana, germinado en las entrañas humildes de la sociedad criolla. Ese inmenso material humano que nos representa en todo el planeta surgió sobre la base de lo que han sido los torneos nacionales de béisbol que desde 1955 se están efectuando. Solo en tres ocasiones, por situaciones trascendentales de la historia, como fue la caída del régimen de Trujillo y la guerra civil de 1965, fue suspendido este evento.

El nacimiento de la entidad oficial que se conoce como Liga Dominicana de Béisbol Profesional  (LIDOM) la forjaron los torneos que entre 1951 y 1954 se efectuaron, que a pesar de las limitaciones económicas de la época, demostraron el amor de la población a esta competencia. Lo ocurrido en esos cuatro años posee una especial significación por la forma como se verificaron esos campeonatos. Son un caso de excepción cuyos resultados y las  hazañas y marcas generadas deben ser analizados dentro del contexto que ocurrieron. Se jugaba de día, solo los fines de semana y eso permitía, entre muchas de las cosas que eran diferentes, a los equipos valerse con rotaciones de tres lanzadores.

Cuando el béisbol invernal se inició, se inauguró un estadio dotado de alumbrado que permitía jugar de noche durante toda la semana, con un calendario que obligaba a manejar a los atletas de otra manera.

ETAPAS

Como ocurre en todos los aspectos de la vida, en el béisbol los cambios influyen en los resultados y siendo parte de la dinámica de la sociedad, el señalamiento de sus grandes hechos debe ser enmarcado dentro de la época en que ocurrieron. El béisbol invernal dominicano ha tenido en su devenir muchas diferentes etapas. Entre 1955 y 1961 se desarrollaron los torneos con estabilidad, aún cuando el de 1960-61 se ensambló con jugadores nativos exclusivamente debido a las sanciones que se le impusieron más que al país, al gobierno de Trujillo. Entre 1963 y 1965 se efectuaron dos torneos en los que brillaron jugadores de esplendoroso futuro, interrumpiéndose en 1965 por el señalado conflicto bélico. A partir de 1966-67 se han realizado cincuenta campeonatos de forma consecutiva, este es el número 51.

Ese largo periodo de consistencia no ha estado exento de dificultades y cambios. En 1982 se adicionaron por ley dos equipos, los Azucareros del Este y los Caimanes del Sur, estos últimos colapsaron provocando que entre  1989 y 1995 los torneos se articularan con cinco equipos, un número impar, nada recomendable. A partir de 1996 se agregaron los Gigantes del Cibao, un nacimiento surgido del seno de la liga, retornándose a seis franquicias. No obstante, las devastaciones sufridas en la región del Este por el huracán George provocaron que en 1998-99 y 1999-00 se jugara, con cuatro y cinco equipos. Es a partir de la campaña de 2000-01 que se logra la estabilidad actual, con un calendario coherente que permite hacer comparaciones lógicas de las hazañas individuales. Un total de 16 certámenes se han efectuado con ese formato y sus resultados son una fuente de valiosa información y vía de desarrollo del talento en cierne.

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